La influencia de la sociedad en nuestros gustos y roles
Cynthia Salgado | CC BY-NC-SA 4.0
La sociedad no es homogénea; varía de cultura a cultura. Esto significa que decisiones que creemos tomar de forma autónoma, como elegir a una pareja, comprar un automóvil, nuestras aficiones y conceptos de belleza, están condicionadas por la sociedad en la que vivimos. Asimismo, el estrato social y la educación también influyen en nuestros “gustos”. Estos factores son lo que algunos autores llaman “fuerzas sociales”. La primera de ellas es el contexto social, que determina lo que es socialmente aceptado o no. La segunda son los antecedentes sociales, que incluyen el estrato social y el nivel de educación, los cuales influyen en nuestras opiniones. Por ejemplo, se argumenta que las personas de estratos sociales bajos pueden considerar el arte abstracto de mal gusto simplemente porque no comprenden su objetivo, ya que no han tenido acceso a una educación que fomente la apreciación del arte.
Sí, este es Franklin D. Roosevelt cuando era niño, vistiendo según la moda de su tiempo. (Fuente: Wikipedia)
Pierre Bourdieu hace una diferenciación entre clases sociales. Según él, las élites se esfuerzan por distinguirse de las clases que consideran inferiores a través de su gusto por lo intelectual, en lugar de dejarse influenciar por los sentidos. Pero no sólo el contexto y los antecedentes sociales influyen en los gustos, también lo hace la época en que se vive. Un ejemplo interesante es el gusto por el color en la época victoriana: era común vestir a los niños de rosado y tomarles fotos con el pelo largo, ya que el rosado se consideraba un color fuerte, mientras que a las niñas se les vestía de celeste. Un caso notable es la famosa foto de Franklin D. Roosevelt, que mucha gente hoy en día consideraría inapropiada según los estándares modernos.
Los sociólogos se esfuerzan por entender cómo la suma de las acciones individuales contribuye a la formación y estructura de la sociedad. Por ejemplo, la tasa de criminalidad en un vecindario o la tasa de natalidad en una comunidad son fenómenos que Emilio Durkheim denominó hechos sociales. Estos hechos sociales son patrones de comportamiento colectivo que emergen de las acciones individuales, pero que a su vez ejercen una influencia sobre los individuos dentro de la sociedad.
Durkheim argumentaba que los hechos sociales son externos a los individuos y, sin embargo, tienen un poder coercitivo sobre ellos. Esto significa que, aunque las acciones individuales son importantes, son las fuerzas sociales más amplias las que realmente moldean y configuran la sociedad. La criminalidad, por ejemplo, no es simplemente el resultado de decisiones individuales aisladas, sino que está influenciada por factores sociales como la desigualdad económica, la desintegración de la comunidad y las políticas públicas. De manera similar, la tasa de natalidad no es solo una cuestión de decisiones personales, sino que también está afectada por normas culturales, políticas gubernamentales y condiciones económicas. Estos hechos sociales evolucionan y cambian con el tiempo, y diferentes sociedades pueden tener patrones distintos dependiendo de su contexto histórico y cultural.
Un concepto muy interesante es el de la imaginación sociológica: para comprendernos a nosotros mismos y nuestro papel en la sociedad, es necesario entender tanto el pasado como el presente de la sociedad en la que vivimos, ya que esta determina nuestra posición dentro de ella. Un ejemplo contemporáneo es la capacidad de las mujeres modernas para acceder a empleos. El hecho de que hoy, como mujer, pueda acceder a la educación superior y tener una remuneración competitiva es fruto del esfuerzo de muchas mujeres que lucharon por este derecho antes que yo, así como de la creciente demanda de mano de obra calificada.
Todo lo anterior es analizado desde el punto de vista de la sociología, que, como ciencia, utiliza el método científico para sacar conclusiones. Pero, ¿cómo entiende la “gente de a pie” su lugar en la sociedad? Pues a través del sentido común, que considera únicamente las experiencias personales, por demás inexactas, debido a la amplia variedad de dichas experiencias. El concepto del sentido común lo percibo asociado con el “empirismo”, y me hace pensar en “el diseñador empírico”, quien aprendió el oficio «traveseando» y que, antes de la profesionalización del diseño, ocupaban los puestos de diseñador. Como diseñadora, me he encontrado que tanto el empirismo como el “sentido común” dicen que no hacen falta estudios universitarios, que la “universidad de la calle” es mejor y que forma mejores diseñadores. Pero, a la hora de buscar trabajos, noto que ciertos puestos no son accesibles para gente sin educación superior, suposición que también se confirma cuando veo los grados universitarios de colegas que tiene trabajos provechosos en esta misma área. Esta suposición la hago siguiendo los ejemplos citados por otros autores, dónde se dice que el sentido común, por ejemplo, ha determinado que las personas de raza negra emigran al sur para acceder a programas de bien social, o que “el pobre es pobre porque quiere”. Estas son afirmaciones comprobadas sin fundamento una y otra vez. ¿Entonces, como se vence al sentido común?
Estas son las preguntas que plantea la sociología para tratar de entender el mundo social:
¿Qué mantiene unida a la sociedad? Para ciertos pensadores, la sociedad se mantiene unida gracias a la interacción de sus partes complementarias mediante un proceso de autorregulación, donde el gobierno, la familia, la religión y los negocios tienen roles esenciales para mantener ese equilibrio. Esta perspectiva se denomina funcionalismo. Otros argumentan que el poder es el factor más importante. Aquí se retoma lo que menciona Bourdieu sobre el esfuerzo de las élites por diferenciarse y conservar su posición en la sociedad. Los defensores de la perspectiva del poder sostienen que la familia, el gobierno y la religión son el resultado de las decisiones de un solo individuo en una posición de poder.
¿Cuál es la relación entre el individuo y la sociedad? Las estructuras sociales son las que definen el rol y el comportamiento de cada individuo; cuando estas estructuras cambian, también lo hace el comportamiento de las personas.
Un ejemplo relevante para nuestra profesión es la cadena Piggly Wiggly, que fue la primera en implementar el concepto de supermercado. Como ocurre con todas las innovaciones, inicialmente enfrentó resistencia. Sin embargo, a medida que la idea se expandió y fue aceptada socialmente, surgieron nuevas oportunidades para otros negocios. Este fue un gran momento para la publicidad. Al percatarse de que los productos estarían exhibidos en estantes y al alcance del consumidor, los publicistas y diseñadores comenzaron a crear productos que se "vendieran solos". Esta transformación impulsó el desarrollo de la publicidad y el diseño tal como los conocemos hoy en día. La necesidad de diseñar empaques vistosos y atractivos surgió directamente de este nuevo modelo de compra.
Piggly Wiggly, pioneros del concepto moderno de autoservicio. Fuente: Wikicommons.
El cambio en el modelo de compra, promovido por Piggly Wiggly, no solo transformó el comercio minorista sino que también influyó en el comportamiento del consumidor. La presentación de los productos se volvió crucial, lo que llevó a un aumento en la creatividad y la innovación en el diseño de empaques. Este cambio estructural en la forma de comprar y vender productos demuestra cómo las modificaciones en las estructuras sociales pueden tener un impacto significativo en el comportamiento individual y en diversas profesiones, incluyendo la publicidad y el diseño.
Otro ejemplo de cambio en las estructuras sociales son las guerras de principios del siglo XX, que impactaron grandemente la relación entre los gobernantes y sus súbditos. Durante este período, las monarquías comenzaron a crear burocracias para gobernar sus reinos, lo que provocó un distanciamiento entre los gobernantes y la población. Esta creciente burocratización hizo que la gente se sintiera cada vez más alejada y desconectada de sus gobernantes, debilitando así la legitimidad y el poder de las monarquías, y juntó a la gente en una masa lo suficientemente grande como para rebelarse cuando sintieron que el orden político no los satisfacía. Este descontento se convirtió en un catalizador para la acción colectiva. La Primera Guerra Mundial, en particular, exacerbó estas tensiones, llevando a la caída de varias monarquías europeas y al surgimiento de nuevos movimientos políticos que buscaban representar los intereses del pueblo de manera más directa.
La Revolución Rusa de 1917 es un ejemplo claro de cómo el descontento con la estructura monárquica y la burocratización del gobierno llevó a una rebelión masiva. El zar Nicolás II, incapaz de abordar eficazmente las demandas de su pueblo, enfrentó una revolución que dio como resultado el fin de la monarquía en Rusia y el establecimiento de un gobierno comunista.
Este conocimiento sociológico permite comprender mejor a los clientes y proporcionar a mis empleadores soluciones adaptadas a los contextos individuales de cada sociedad. En una sociedad global, donde el trabajo remoto y los clientes internacionales son cada vez más comunes, es esencial entender cómo funcionan las diferentes culturas para fomentar la armonía en el lugar de trabajo y diseñar con sensibilidad cultural y efectividad, asegurando que nuestras soluciones resuenen con diversas audiencias y contribuyan positivamente a sus experiencias.
Este trabajo usa licencia CC BY-NC-SA 4.0
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