Cuando Weber te dice que incluso tu selfie es social
Cynthia Salgado | CC BY-NC-SA 4.0
En su libro “Economía y Sociedad”, Max Weber define a la sociología como un conjunto de acciones sociales, que deben ser analizadas e interpretadas. Estas acciones sociales son conductas que las personas realizan bajo la influencia de otros en su entorno, que pueden ser individuos o factores inanimados como el dinero. Incluso las conductas más íntimas pueden considerarse sociales si están influenciadas por terceros.
Weber subraya que las acciones sólo pueden ser consideradas sociales si tienen en cuenta el comportamiento de otros. Por ejemplo, un acto de consumo privado no es una acción social a menos que esté influenciado por normas sociales o expectativas de otros. Del mismo modo, incluso las conductas íntimas, como la manera en que una persona se viste o se comporta en la privacidad de su hogar, pueden ser sociales si están influenciadas por la expectativa de cómo otros reaccionarían o cómo se desea ser percibido por ellos.
Weber también aclara que estas influencias pueden ser directas o indirectas, y pueden incluir tanto influencias conscientes como inconscientes. Esto amplia la noción de lo que constituye una acción social, abarcando una gama más amplia de comportamientos humanos y sus motivaciones subyacentes.
Las acciones sociales se construyen de diversas maneras. Por ejemplo, pueden formarse a partir de lo que una persona expresa o siente sobre una determinada acción. Estos sentimientos podrían estar influenciados por factores históricos, estereotipos o incluso por la noción de un modelo ideal. Max Weber ya había discutido el concepto de "tipo ideal", refiriéndose a situaciones que, aunque lógicamente posibles, no existen en la realidad. Estos tipos ideales pueden considerarse productos de la imaginación, casi utopías.
Fuente: Wikipedia
Un ejemplo claro de tipos ideales son los cánones de belleza, los cuales suelen estar estrechamente relacionados con momentos históricos y culturales. A lo largo de la historia, los ideales de belleza han cambiado drásticamente, reflejando los valores y las aspiraciones de la sociedad en cada época. Por ejemplo, en la Edad Media se creía que la belleza era un don de Dios, por lo que los artistas se esforzaban en representar la belleza natural sin muchos adornos. Durante el Renacimiento, se idealizó a la "donna angelicata", el máximo ejemplo de belleza femenina, y se empezó a representar a la mujer con formas más redondeadas, ya que la belleza estaba asociada con la voluptuosidad y la abundancia. En tiempos de guerra, el canon se transforma para dar paso a la sencillez y la austeridad.
Cuando la sociedad cambia, también lo hace el canon de belleza. En los años 50, por ejemplo, surge la figura de la "ama de casa perfecta", mientras que en los 60, el canon se inclina hacia la liberación femenina. Es durante esta época que surge la minifalda, considerada un atrevimiento y una provocación, popularizada por la famosa modelo Twiggy. En la era moderna, lo que se valora es la delgadez y el atletismo.
Dicho cambio en las conductas podría racionalizarse con la Ley de Gresham. Esta ley es un principio utilizado en economía que indica que cuando hay dos monedas de curso legal en un país, la gente prefiere usar la “moneda mala” y guardar la “moneda buena”. De igual forma, se puede considerar la conducta tradicional, “con fundamento” o “coherente”, es decir, la conducta que se espera de las personas en situaciones típicas, o más bien, la conducta que se consideraría “normal” cuando las circunstancias no son atípicas o incorrectas como la “moneda buena”, que acabará por verse desplazada eventualmente por la “moneda mala”, o en este caso, un cambio en el comportamiento debido a las acciones sociales, tal como los eventos que provocaron un corte de 15 cms en las faldas femeninas de los años 60.
Fuente: Wikipedia
Otra forma de construir las acciones sociales es a través de los procesos, que incluyen ocasiones, resultados u obstáculos de las acciones humanas. Algunos de estos procesos pueden ser artificiales, pero conllevan un beneficio social. Un proceso que trajo consigo un inmenso cambio social fue la invención de la imprenta.
Antes de la imprenta, la alfabetización era mínima y el acceso a los libros, y por lo tanto a la información, estaba limitado a las élites que contaban con más recursos. Con la llegada de la imprenta, la alfabetización se expandió significativamente, permitiendo que más personas tuvieran acceso a la educación. La imprenta también contribuyó a la igualdad de clases, ya que el acceso a los libros, anteriormente reservado a las élites, se volvió más accesible para la población general.
Al abaratarse los costos de producción de los libros, estos podían ser impresos en mayor cantidad y a menor precio, lo que propició el Renacimiento y la revolución cultural europea. La imprenta permitió la difusión rápida de nuevas ideas y conocimientos, fomentando el intercambio cultural y el progreso intelectual. La disponibilidad de textos religiosos y científicos permitió a las personas cuestionar las autoridades establecidas y explorar nuevas ideas, contribuyendo a movimientos como la Reforma Protestante y la Revolución Científica.
Además, la imprenta facilitó la creación de una opinión pública informada, ya que periódicos y panfletos podían ser distribuidos masivamente. Esto fomentó el debate público y la participación en asuntos políticos y sociales, fortaleciendo las bases de la democracia moderna. La imprenta también ayudó a estandarizar las lenguas y promover la identidad nacional, la que podría formar parte de las acciones tradicionales.
La identidad nacional se manifiesta en nuestro día a día, y es parte de lo que Weber considera como acciones tradicionales, esto es, comportamientos que se ven influenciados por la costumbre, como pequeños aspectos de la vida cotidiana o la forma en que se celebran las festividades, e incluso hasta gustos en cuanto a comidas y costumbres familiares.
Con todo esto, Weber propone que somos el producto de nuestro entorno. Esta idea da mucho que pensar. ¿Seguimos siendo seres independientes y pensantes con ideas propias si todo lo que somos está influenciado por factores externos? Sé que lo que los filósofos buscan es entender la sociedad, pero esta no sería posible sin un conjunto de individuos. Le Bon analizó esta situación y de ahí surgió su "psicología de las masas". Según Le Bon, en circunstancias específicas, las personas se comportan como una masa, un “proto-ser” con conciencia propia, efímero, pero con comportamientos que no se verían en individuos aislados. Es muy interesante lo que Le Bon dice sobre las masas:
La masa es siempre intelectualmente inferior al hombre aislado. Pero, desde el punto de vista de los sentimientos y de los actos que los sentimientos provocan, puede, según las circunstancias, ser mejor o peor. Todo depende del modo en que sea sugestionada.
En otras palabras, el comportamiento de la masa tiende a ser el más primitivo, aunque existen excepciones. Esto explica fenómenos como los disturbios, la violencia grupal, y también, por qué no, los actos bondadosos.
Comprender estos mecanismos nos permite tener una visión más completa de la sociedad, de nosotros mismos y nuestra posición como individuos dentro de ella. Además, este conocimiento puede aplicarse de manera efectiva en nuestra profesión. Por ejemplo, ¿cómo lograr vender un producto durante un partido de fútbol? Sabemos que el comportamiento típico de los aficionados al fútbol es un comportamiento de masa: altamente sugestionable. En un ambiente como este, las estrategias de marketing deben centrarse menos en el público meta y en datos demográficos, y más en captar la atención de la multitud. Aprovechar la naturaleza sugestionable de la masa mediante mensajes emocionales y visuales impactantes puede ser una estrategia efectiva para lograr que el producto se destaque y resuene con la audiencia, independientemente de su origen o trayectoria individual.
Este trabajo usa licencia CC BY-NC-SA 4.0
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