El Hoyo: un análisis
Cynthia Salgado | CC BY-NC-SA 4.0
Una película interesante, de atmósfera opresiva, que destaco por su exploración del concepto de la imaginación sociológica; invita a la reflexión sobre las estructuras sociales, la desigualdad, las dinámicas de poder que rigen la vida cotidiana y la lucha por la supervivencia en un sistema que parece estar diseñado para perpetuar la injusticia.
La historia comienza con Goreng, el protagonista, despertando en una especie de calabozo, donde es recibido por un hombre mayor, obsesionado con la palabra "obvio". Goreng nota de inmediato que la moneda de cambio es la información: Trimagasi, el anciano, ofrece información siempre y cuando reciba algo a cambio. Goreng nota un cambio en las luces y se lo comunica a Trimagasi, lo que inicia otro intercambio de información. Goreng descubre que cada inicio de mes cambiarán de nivel, lo que mejorará o empeorará sus oportunidades de conseguir comida, que parece ser lo único que importa dentro del hoyo: es decir, sobrevivir.
Los dos hombres desarrollan una inusual amistad, alimentada por las lecturas del Quijote que Goreng realiza cada noche. Trimagasi le relata a Goreng cómo terminó en el hoyo: en resumen, mató a un hombre.
Trimagasi veía anuncios de cuchillos en los que un hombre barbudo y varias amas de casa elogiaban las maravillas de un afilador de cuchillos. Trimagasi lo compró, pero poco después vio otro anuncio que promocionaba el Samurái Plus, un cuchillo que no se desafilaba nunca porque se afilaba a medida que cortaba. Trimagasi se sintió agredido, quizá engañado por la publicidad que inicialmente le ofrecía algo, solo para ofrecerle algo mejor después de la compra. En un arranque de ira, tiró el televisor por la ventana, que cayó sobre un inmigrante ilegal. Ante esta desafortunada coincidencia, Trimagasi se cuestiona qué hacía ese inmigrante allí, considerando que no debería estar ahí. Aún fuera del hoyo, el comportamiento de Trimagasi es el mismo que dentro: traicionero y egoísta, sin darse cuenta de que su papel en la sociedad es el mismo que cumple en el hoyo. Esta conclusión se refuerza cuando, al siguiente mes, Goreng y Trimagasi vuelven a compartir celda, pero esta vez en un nivel mucho más bajo. Goreng despierta amarrado y Trimagasi, sin reparos, le explica que piensa comérselo, dejándolo "purgar" unos días, tal como se hace con los caracoles, curiosamente, la comida favorita de Goreng. Trimagasi deja claro que la vida en el hoyo es matar o morir.
¿Quién crea las clasificaciones y estratos en el hoyo? No se sabe. Al igual que en la vida real, es muy probable que sean "los de arriba". El comportamiento de estos individuos, los de arriba, es detestablemente egoísta, marcado por la gratificación inmediata y una completa falta de empatía. Se podría pensar que, dado el azaroso formato del hoyo, las personas desarrollarían cierta compasión por sus semejantes, conscientes de que no saben cuándo estarán arriba o abajo. Pero, no es así: cuando están arriba, olvidan que alguna vez estuvieron abajo, y cuando están abajo se abandonan a la miseria, sabiendo que ellos mismos no ayudarían a otros si llegaran a estar arriba.
Al rato se introduce Miharu, una mujer de rasgos asiáticos que asesina de Trimagasi, quien baja cada mes buscando a su hija. Miharu parece sentir simpatía por Goreng. Miharu es una metáfora de la invisibilidad de la mujer y de cómo se le considera solo un objeto de satisfacción para los hombres, pero también retrata a la mujer como un ser perseverante, capaz incluso de matar para cuidar de su hija, o en este caso, para seguir buscándola. Esa simpatía se pierde cuando entra Imoguiri, una funcionaria pública librando una batalla contra el cáncer, quien fue la que entrevistó a Goreng y aceptó su aplicación para entrar al hoyo. Imoguiri revela que Miharu entró sola, que la niña no existe. No queda claro si hace esto para desacreditarla, después de que Miharu matara a su perro, porque más adelante se descubre que la niña era real. Imoguiri hace un gran esfuerzo por concienciar a las personas de los pisos inferiores para que guarden comida para los demás, pero su esfuerzo solo da resultado cuando Goreng amenaza a los del piso inferior. Imoguiri quiere probar que la solidaridad espontánea, pero Goreng le dice que esta solo funciona cuando está acompañada del miedo.
En la película también aparece un mercader de la fe: un hombre de raza negra que trata de ascender al nivel 0, utilizando cualquier artimaña a su alcance para persuadir a quienquiera que pueda ayudarlo. Al conversar con algunas personas del piso superior, comienza a hablar de Dios, y cuando le preguntan a cuál Dios se refiere, él responde "al único". Este personaje es una metáfora de las personas que harían cualquier cosa por cambiar su posición social, incluso adoptar una religión en la que no creen.
Los personajes no saben exactamente dónde están: aceptan ingresar al hoyo voluntariamente, porque han sido engañados por un sistema malvado que parece no tener un propósito claro para retener a la gente allí. Están desconcertados, atrapados en un sistema que los manipula, incapaces de cambiar su situación y preguntándose cómo es que realmente llegaron allí. El sistema finge generosidad al enviar las viandas todos los días, pero en realidad no le importa quién come y quién no. Es una ilusión: en realidad, se trata de un mecanismo para controlar a los individuos y mantenerlos en un estado constando de lucha por la supervivencia. En este caso, la comida representa la riqueza, y tal como sucede en nuestro mundo, está mal repartida: aunque se quiera hacer creer que es de todos, no lo es. Ni siquiera es de los que están en los niveles superiores, porque no pueden guardar nada; nada les pertenece: ni su posición social, ni su comida, ni siquiera sus amigos. La comida se ha convertido en una herramienta de opresión, pues al estar mal repartida provoca conflicto, cuál reflejo de la vida moderna, caracterizada por la apatía y la desesperanza.
El sistema se esfuerza por proyectar una imagen de lujo y opulencia, lo cual se evidencia claramente cuando el chef inspecciona los platos y se enoja al encontrar un cabello en la comida. Además, es notable que los cocineros eviten mirar al chef a los ojos, lo que plantea una interrogante: ¿es esto una señal de respeto o de sumisión? Parece que incluso los cocineros, a pesar de su aparente posición privilegiada, están atrapados, sujetos a las mismas fuerzas opresivas que los demás personajes, en un estado constante vigilancia y temor.
La música incidental también juega un papel crucial en la narrativa; destaco los sonidos que evocan el choque o quiebre del vidrio. Esta elección sonora funciona como un recordatorio constante, tanto para los espectadores como para los personajes, de la fragilidad y precariedad de su existencia. Según las palabras de Trimagasi, lo único que importa en el hoyo es comer, y no simplemente comer, sino comer bien. Esta urgencia de satisfacer las necesidades inmediatas se convierte en una obsesión, una lucha constante por la supervivencia, en un sistema diseñado para perpetuar la desigualdad y la desesperación.
El sistema es, en realidad, absurdo, lo que nos lleva a cuestionar si nuestro diario vivir es igualmente irracional. No tiene sentido engañar a las personas para meterlas en un lugar del que no pueden salir, donde cada día arriesgan sus vidas sin un fin claro. ¿Quién se beneficia realmente de todo esto? Podría pensarse que el sistema se empobrecería al proporcionar comidas lujosas a los residentes del hoyo todos los días. Entonces, ¿cuál es verdaderamente su propósito?
Este trabajo usa licencia CC BY-NC-SA 4.0
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