La Transformación Posmoderna
Cynthia Salgado | CC BY-NC-SA 4.0
A ciencia cierta, nadie parece saber con exactitud qué es la posmodernidad: ¿es algo trágico o algo positivo? Este ensayo explora cómo la posmodernidad se manifiesta y desafía los principios establecidos, ofreciendo una visión pluralista y diversa de la realidad.
Cuando se habla de posmodernidad, generalmente se hace en referencia a fenómenos intelectuales, especialmente relacionados con las artes, aunque a veces también se incluyen otros preceptos culturales. Varios pensadores han cuestionado qué es en realidad la posmodernidad: ¿es un movimiento artístico, un período histórico, o tan solo un concepto? Muchos de ellos, como Braudillard y Jameson, consideran el posmodernismo como un momento “esquizofrénico” de nuestro tiempo, y lo observan bajo un lente totalmente fatalista: todo se vale, se perdió la esperanza, nada funciona y lo único que importa es el consumo. En el arte, la posmodernidad se manifiesta a través del uso de técnicas y estilos diversos, y la negación del principio de unidad artística. ¿Es la posmodernidad una reforma de la cultura y de la percepción del mundo? Si es así, deberíamos abrazarla, en lugar de considerarla una enfermedad de la sociedad moderna.
Quizá debamos hablar un poco de modernismo para entender el surgimiento de la posmodernidad. Rubén Darío fue el primero en utilizar el término “modernismo” para denominar el rompimiento de una nueva generación de artistas cuyo rasgo en común era el “anarquismo”. El modernismo se presentó a sí mismo como una corriente fresca, que desdeñaba las cadenas impresionistas y buscaba inspiración en las formas orgánicas de la naturaleza y de diversos elementos surgidos en la era industrial. Los modernistas veían en sus obras significados más profundos; su fin último se convirtió en la crítica, en lugar de la belleza. Según Habermas, el modernismo fue un proyecto que buscaba exaltar las ciencias, las artes y la moral basándose en sus propios valores intrínsecos. De esta forma, corrientes como el surrealismo fueron desvalorizadas por los modernistas, pero abrazadas por los posmodernistas. Lo mismo ocurrió con el dadaísmo y el concepto de kitsch. El modernismo tendía a preferir el orden y las clasificaciones, tratando de ubicar todos los movimientos dentro de categorías con características muy específicas. Sin embargo, cuando surgieron movimientos artísticos y literarios que no encajaban en ninguna de estas clasificaciones, se hizo necesario crear una nueva categoría para lo inclasificable: la posmodernidad.
Arte Contemporáneo en el paradigma de la posmodernidad
El orinal de Duchamp es una de las obras que cambió el significado del arte y podría decir, que le devolvió su libertad al mundo artístico, abriendo paso a obras desobedientes e irreverentes. Public Domain.
El rasgo más sobresaliente de la posmodernidad es que desafía el orden establecido; se le compara con el rizoma, una estructura de raíz que resiste la presión y se expande en todas direcciones. Este fenómeno se observa no solo en el campo del arte, donde se rechaza la unidad y se abrazan técnicas diversas, sino también en otros ámbitos culturales e intelectuales. La posmodernidad cuestiona las normas tradicionales y fomenta la diversidad de perspectivas, lo que permite una mayor libertad de expresión y creatividad. En este contexto, el arte posmoderno se convierte en un medio para explorar nuevas formas de entender y representar la realidad.
La posmodernidad invita a concebir el arte como algo más que una sucesión de escuelas. Actualmente, no hay movimientos artísticos reconocibles, pero sí ha sido posible identificar algunas predilecciones en la forma en que se ejecuta el arte. Por ejemplo, se hace referencia al pasado emulando técnicas o estilos anteriores, y se habla de “pedir prestado”, haciendo que el concepto de plagio pierda validez. El arte contemporáneo permite crear a partir de materiales y medios escogidos al azar. También se hace uso del collage, que niega el principio tradicional de la unidad artística e invalida el concepto de estilo, pues es una mezcla de estilos y técnicas artísticas. El arte posmoderno rechaza a todos sus antecesores, y se burla de la mímesis de Platón y Aristóteles. La mímesis es un concepto originario de la antigua filosofía griega, que argumenta que las artes y la literatura son una representación de la realidad. Aristóteles incluso decía que la mímesis era el origen de todas las artes, pues los artistas imitan a la naturaleza y a la vida en sus obras; de ahí que se valore la proporción áurea y otras técnicas que ejemplifiquen con la mayor fidelidad posible el mundo real. Ahora bien, la mímesis es imitación, porque el tipo ideal solo puede ser creado por la divinidad, según los griegos. Entonces, los artistas lo que hacen es imitar, y reinterpretar la creación divina. Se dice que el arte contemporáneo está lejos de la “alta modernidad”, pues el modernismo luchó para representar la realidad en una forma que iba más allá de lo que es visible a simple vista, mientras que los artistas contemporáneos han dejado de lado esos conceptos para abrazar una realidad no artística.
Cultura Posmoderna
Según Braudillard, la cultura posmoderna es una cultura de exceso, por cuanto comparte con el arte posmoderno el pluralismo, es decir, la utópica idea de que múltiples grupos, ideas, perspectivas y culturas pueden coexistir dentro de un ámbito en particular. En el contexto cultural y sociológico, el pluralismo implica la aceptación y valorización de la diversidad, promoviendo un entorno donde diferentes puntos de vista y formas de vida son reconocidos y respetados. En la posmodernidad, el pluralismo se manifiesta en la multiplicidad de estilos, técnicas y enfoques, así como en la negación de una única verdad o autoridad dominante.
George Simmel nos dice que el exceso de productos culturales con los que vivimos en la actualidad son una señal de que nuestra cultura ha alcanzado su culminación, ya que somos incapaces de asimilar toda la información disponible. En algún momento se culpó a la televisión de ser la principal difusora esta marabunta de información, y hoy se le suman sus hijos, los teléfonos inteligentes, con la apocalíptica internet, que se suponía iba a ser el contenedor del saber humano, y al que se le dan usos más que mundanos en la actualidad.
La televisión es, quizá, el mejor de los íconos posmodernos. Todos los productos que ofrece la televisión son construidos con las características del drama, incluso las noticias. Eventos que suceden solo una vez son metidos entre programas que son ficción y se pueden repetir a voluntad, lo que hace que eventos reales sean presentados al espectador como dramas, y que incluso eventos privados se llevan a la televisión, como es el caso de los reality shows. El mundo está dividido en mini-dramas que no tienen cohesión entre sí, careciendo incluso de estándares morales, ya que la sociedad posmoderna no conoce un mundo con tales estándares; de hecho, no concibe un mundo sin televisión.
La posmodernidad es la “civilización de la interacción humana”, un término que me parece encantador. Ve el mundo como un generador indefinido de significados, lo que interpreto como un momento histórico donde cada quien está viviendo su verdad, formando sus propias lógicas y validando lo que es cierto de acuerdo a sus propios ideales. Se podría concebir a la posmodernidad como algo fantástico y casi utópico, donde ya no se está sujeto a ideas e ideales obsoletos, y donde surgen comunidades que buscan su lugar en el mundo y por qué no, también aceptación, ya no amarrados a las reglas de antaño. Ejemplos claros y actuales de lo anterior son las luchas por los derechos de la mujer y de la comunidad LGTB+.
El diseño en el mundo posmoderno
Anclarse al concepto rebelde de la posmodernidad podría resultar ventajoso en el campo publicitario, ya que al igual que ocurre en el arte, aunque quizá en menor medida, la labor de la publicidad y el diseño es la de marcar tendencias y proponer nuevas formas de pensar. Esta difícil tarea trae consigo no solo el constante desafío al estatus quo, sino también la responsabilidad de reinventarse y adaptarse a las nuevas demandas del mercado, lo que podría dar como resultado la creación de marcas que perduran en el imaginario colectivo. Este proceso de desafiar y reinventar es esencial para mantener la relevancia y la frescura en un mundo marcado por la competitividad.
Fuentes:
El Dadaísmo niega el Arte mismo y la artesanía. (s. f.). Masdearte.
Dada Movement Overview and Key Ideas. (s. f.). The Art Story.
Polan, D., & Foster, H. (1984). The Anti-Aesthetic: Essays on Postmodern Culture. New German Critique.
The Editors of Encyclopaedia Britannica. (1998). Mimesis | Imitation, representation, replication. Encyclopedia Britannica.
Modernismo. (s. f.). Memoria Chilena: Portal.
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