La Paradoja de la Abundancia: Más Información No Significa Más Sabiduría
Cynthia Salgado | CC BY-NC-SA 4.0
En la era digital, más es más y menos es menos.
En 1980, Dazin expresó poéticamente que la información siempre ha sido parte de la naturaleza, tanto así que incluso los átomos "saben" cuándo unirse o separarse. Según él, la información es una propiedad de la naturaleza, al igual que la energía y la materia. Dazin consideraba que el ejemplo más impresionante de esta información es la evolución del ser humano, que combina factores como el desarrollo del cerebro, la laringe y los pulgares opuestos, contribuyendo a su destreza manual y su capacidad de análisis y comprensión.
Laborit complementa esta idea estableciendo una jerarquía en los métodos de transmisión de información. Afirma que estos niveles comienzan desde las células y culminan con la organización de las sociedades humanas. Sin embargo, aunque es deseable la comunicación bidireccional, esta se da principalmente de las clases dominantes a las dominadas.
Desde los años 80, se ha observado una creciente exposición de niños y jóvenes a una gran cantidad de información no jerarquizada. Los educadores han propuesto utilizar este exceso de información de manera pedagógica. Sin embargo, contrario a lo que se podría pensar, esta abundancia de información no resulta necesariamente beneficiosa; más bien, ha dado lugar a una forma moderna de oscurantismo.
El Internet, que alberga el cúmulo de conocimientos humanos, no requiere más información, sino métodos efectivos para procesar la ya existente. Este oscurantismo digital es evidente en las redes sociales, donde la desinformación se propaga sin filtro. Muchos usuarios, carentes de criterio propio y habilidades para clasificar la información, simplemente la consumen sin cuestionarla, perpetuando así el ciclo de la desinformación.
La realidad es que nos resulta difícil procesar esta abundancia de información actual. Aunque lo entendamos desde nuestro contexto contemporáneo, esta sobreexposición a contenidos no es nueva. El equipo tecnológico que se describía en los 80 es lo que hoy llevamos en el bolsillo: nuestro smartphone ha reemplazado el teléfono, los juegos de video, la video grabadora y la conexión satelital. Antes, la preocupación era el tiempo que los jóvenes pasaban viendo televisión y escuchando radio; hoy, son Netflix y Spotify. Los tiempos y las tecnologías han cambiado, pero el principio persiste: la inquietud de hace 40 años sigue vigente y en aumento. Por ejemplo, si antes preocupaba que los niños de 8 a 14 años pasaran 15 horas semanales viendo televisión, hoy, con los smartphones, ese tiempo probablemente sea mucho mayor. Y la preocupación de 1976 sigue siendo la misma en 2024: no es la abundancia de contenido en sí, sino cómo este impacta a los jóvenes y niños.
Los medios de comunicación moderna tienen su origen en los siglos XVII y XVIII donde encontramos. Comenio creó su obra Orbis Sensualium Pictus, donde trata de relacionar vocablos latinos y alemanes por medio de figuras. Este método inspiró los medios audiovisuales, y los jesuitas se inspiraron en esta obra para dar significado a cuanto elemento encontraban para simbolizar a Dios. Diderot vio cómo cierta violencia en el lenguaje y las imágenes podían tener un efecto positivo, y destacaba tres áreas de influencia: la enciclopedia, donde el texto se acompaña de imágenes, la expresión corporal y el lenguaje poli sensorial, que incluye elementos vocales, decorativos y conductuales.
En los 80 surgió una especial preocupación sobre el papel de los medios y son los estudios realizados durante esa parte del siglo XX los precursores de la idea moderna que afirma que los medios de comunicación influyen directamente en la adopción de la violencia por parte de los niños, y se encomienda a los educadores ser quiénes filtren y reordenen esa información. Entonces, se habla de información que debe ser controlada, y la razón detrás de este control son la desconfianza, el desorden y el desequilibrio que genera la información que es superficial o está fragmentada. Se creía que los niños eran incapaces de procesar esta información, y se criticaba el hecho de que adquirieran sus conocimientos por medios artificiales, en lugar de hacerlo por medio de la escuela o la familia.
Tengo mucho que objetar a esta postura, pues reduce a los niños a seres sin criterio, listos para absorber cualquier información que se les dé e incapaces de tomar decisiones. Me parece que la verdadera preocupación de los filósofos que ven a los niños de esta manera es que, al tener acceso a información que no proviene de sus padres o maestros, descubran que el mundo que les quieren pintar no es tal cual. Se mencionan asuntos de moral y valores que, en mi opinión, son un intento por demonizar los medios con el fin de salvaguardar el estilo de vida que se considera "correcto".
Otra preocupación evidente es la tendencia a culpar a los medios por el desinterés de los niños hacia la escuela, en lugar de buscar nuevos métodos de enseñanza o investigar formas de educar más inclusivas. René Duboux refutó algunas de estas acusaciones: afirmaba que la televisión solo refuerza lo que ya se vive en el ambiente familiar y que, lejos de perturbar la vida familiar, la enriquece al expandir el conocimiento.
Es interesante observar el lado positivo de los medios, particularmente de la televisión (y podríamos incluir aquí al internet): se ha notado un incremento en el cociente intelectual de los jóvenes, aunque carezcan de ciertos conocimientos básicos —presumiblemente aquellos que se imparten en las escuelas. Ante este escenario, Duboux sugiere combinar textos con material audiovisual y utilizar videotecas.
Christian Beullac define cuatro pautas para el papel del docente y su uso de material audiovisual:
El material audiovisual debe ser un instrumento pedagógico que refuerce la memoria, la atención y el interés de los alumnos.
Pedagogía diversificada: Fomentar la apertura mediante lo audiovisual en lugar de la palabra, asegurándose de que el material sea original y adaptado a las necesidades de cada estudiante.
Reconsiderar el método pedagógico y evaluar las diversas formas de adquirir conocimiento, reconociendo que no son iguales para todos.
Admitir que el sistema educativo puede evolucionar y que no es el único ente formativo en la sociedad.
La paradoja de la abundancia informativa en la era digital plantea retos significativos para la educación y el desarrollo del conocimiento. A pesar de tener acceso a una cantidad sin precedentes de información, no nos hemos vuelto necesariamente más sabios. Por el contrario: aunque los niños muestran coeficientes intelectuales más elevados, también evidencian una notable carencia de pensamiento crítico y un desinterés generalizado por el mundo que les rodea.
Es importante, además, reconocer que el sistema educativo y la familia no son los únicos responsables de la formación de los individuos en la sociedad moderna: los medios de comunicación juegan un papel significativo en la educación informal y enfocados correctamente, pueden contribuir positivamente al desarrollo intelectual de los jóvenes.
Este trabajo usa licencia CC BY-NC-SA 4.0
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